¿Para qué dirigimos?
Para conmover el alma

Alfonsina Torrealba Valdes

“El alma de la batuta bajo tres pieles” fue una mesa redonda donde tres directoras de orquesta, como pocas veces sucede en el ámbito, detienen por un instante su frenesí de actividad musical para reflexionar en torno a sus experiencias vitales y profesionales, desvelándose en esta conversación cercana el lugar que habríamos de ocupar en el devenir de la historia y sus transformaciones.

La jornada comienza con un concierto a cargo de las alumnas del grado de Interpretación en Música Moderna de la Facultad de Música de la Universidad Alfonso X el Sabio, mundos que aún apenas se cruzan en los pasillos del mismo edificio.  Miradas tímidas de jóvenes músicas y cantantes que al subir al escenario para comenzar su fresca y auténtica intervención musical, transformaron a la audiencia curiosa, impaciente y hasta quizás escéptica, en un libro abierto sobre el que pudimos escribir las convicciones que nos harán caminar mañana como intérpretes, como creadoras, como directoras.

Apenas fue necesario divagar sobre nuestros orígenes para darnos cuenta que fueron otras quienes nos dieron la oportunidad y el impulso de soñarnos en un rol que no sabíamos si nos “quedaba bien”. Testimonios sobran sobre quienes nos quieren hacer dudar si estamos allí por nuestra calidad profesional o por simple ornamentación legislativa. Son las pequeñas-enormes incomodidades que romperán y reconstruirán un nuevo tejido social, una nueva estructura mental sobre la que nos abrimos paso en forma totalmente decidida, sin mirar atrás. Ser directora de orquesta hoy es vivir en lo ecléctico de estos momentos de cambio: es molestar a algunos y ser aplaudida por otros, es despertar la desagradable mirada compasiva de quienes te suponen menos apta y abrir los ojos de quienes realmente sentían que nunca podrían hacerlo. Si hay algo en lo que concordamos como colegas y directoras, es que en nuestro camino la línea siempre se traza desde el valor inalienable y trascendental de la experiencia musical para toda la humanidad.

Ser directora de orquesta es motivar y conmover, es unificar los criterios de decenas de músicos en un solo discurso que atraviesa a nuestro público y nos conecta más allá de cualquier palabra posible. Es empatizar y remover el alma de cada una de las personas que asiste al concierto. Es transformar. Esta es la historia que construyen ellas, la que creamos y estableceremos en forma implacable y justa, la que forjamos con el inmenso peso de la historia, la que emerge con la fuerza de la juventud y con el ancestral poder irrefutable de nuestro conocimiento y la conciencia histórica de nuestro género. Respondiendo una de las últimas preguntas realizadas por uno de los moderadores ¿paridad?, Sí. No solo paridad en los números de directoras programadas cada temporada en las orquestas de mayor prestigio del país y del mundo, la paridad la estamparemos en la construcción de la historia. La música, la cultura, será nuestra herramienta más poderosa.

Alfonsina Torrealba

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