
Museo del Traje
Fotos: Elena Quintanar
Cosiendo tradiciones
Nuria Ruiz de Viñaspre
El tiempo, si podemos intuir esa identidad, es una delusión:
la indiferencia e inseparabilidad de un momento
de su aparente ayer y otro de su aparente hoy,
bastan para desintegrarlo.
Jorge Luis Borges
Biraka, en euskera, significa hilado, cosido, tejido… y de eso trata esta pieza de la coreógrafa Nerea Martínez. Ella cose los tiempos. Cose las tradiciones y cose lugares. Desintegra esa máxima de Borges pues los hilos de un tiempo y de otro tiempo se juntan. Danza transfronteriza donde lo contemporáneo va de la mano con la tradición vasca, tierra suya que la vio crecer. No es indiferente el lugar del que venimos y aquí Nerea quiere hacer un homenaje a esa tierra natal con toda su tradición. Recuperar su pasado. Ya es reseñable bailar un homenaje a la tradición, a los ancestros, ya que sin ello no seríamos, pero conexionar la danza tradicional vasca con la danza contemporánea, reuniendo ambos mundos, parece una aventura difícil de alcanzar y Martínez lo hace a través de movimientos dancísticos para que dialoguen dichos lenguajes y de ahí renazcan otras cosas.
La bailarina mezcla así estos elementos dando lugar a nuevos movimientos acompañados de la música de un único instrumento de percusión que es típico del País Vasco, la txalaparta, un instrumento antiguo pero que ha sabido evolucionar y acoplarse a los nuevos tiempos. Este instrumento consiste en dos soportes sobre los que se colocan horizontalmente unos tablones de madera. La txalaparta se remonta al Paleolítico (algo que va muy en consonancia con el alma del proyecto), cuando los vascos utilizaban ese sonido con huesos de animales sobre estalactitas en las diferentes cuevas habitables. El sonido de la txalaparta, maravillosamente golpeado por los grandes brazos verticales de Argibel Euba y Eneko Uribe, como si fueran martillos de madera que caen del cielo, nos recordaba al sonido del latido de la tierra. Sabemos que todo tambor es un instrumento rabiosamente rítmico, ancestral y si lo juntamos a un material como la madera, lo ritual está servido. Madera contra madera. Palos contra tambor. Sus golpes son latidos que nos llegan del pasado. Latidos atonales, como atonal es la tierra, inundaban nuestros oídos a la vez que Nerea bailaba a sus ancestros. La imagen visual del momento nos insinuaba algo primigenio en la vida de la bailarina, como si con su danza hiciera cosquillas a su propia memoria, a su país, a lo que fue y a lo que es. Así combina a la perfección y de forma ajustada con un lenguaje coreográfico absolutamente contemporáneo y de forma muy contundente.
Por otro lado, el juego de espejos que se generaba en el Museo del Traje nos recordaba a un cuadro de Velázquez (el metalenguaje que hay en un cuadro dentro de otro cuadro). Todo parecía ir en perfecta consonancia con ese intento de coser tradición, siglos y lugares, épocas. Igualmente bien elegido está aquí el espacio, el Museo del Traje, donde la apariencia de Nerea Martínez, con todo el vestuario creado por Mónica Lavandera, iba cosido a la historia del museo. La sutilísima manera que tiene Martínez para transformar a través de la danza sus telas y hacer de su cuerpo un miriñaque cercado que gira sobre sí mismo como un derviche primigenio es muy destacable. Por todo ello el museo se convierte aquí en ese espacio inseparable en el que expresar esa danza desde un lugar personal, el propio lugar de la coreógrafa y que nace desde lo más profundo de sus raíces –sus orígenes–, mientras giran sobre sí mismas enriqueciéndose y dando lugar a un nuevo espacio, lo reflejado en el espejo, donde una serie de elementos escénicos comparten espacio con el cuerpo en movimiento de la bailarina, precisión, minuciosidad, elegancia y estética en todo momento: la belleza.
En definitiva, este proyecto tan instintivo es una investigación sobre las similitudes y diferencias que se generan entre ambas tradiciones y cómo puede una influir en la otra, cómo las hace dialogar. Un emotiva labor sobre la simbiosis y la combinación entre los sonidos de la txalaparta y los movimientos de la bailarina. Golpes que resonaban en ella. Un espectáculo que acuna la historia, la cultura y la ancestral lengua vasca. Biraka, una nueva máquina de coser para los tiempos modernos.
- 25 marzo, 2024 -




