
Museo de Artes Decorativas
Fotos: Elena Quintanar
Manuela Barrero: con vos y conmigo sea. Libro II
Ética y estética
Nuria Ruiz de Viñaspre
Ren no está lejos, el que lo busca ya lo ha encontrado
Ren está cerca del hombre y nunca lo deja
Confucio
Etimológicamente el Enso, palabra que proviene del japonés, significa círculo, y ahí nos introdujimos en “con vos y conmigo sea. Libro II”. Entramos en un circuito cerrado que no es nunca cerrado, un círculo abierto que simboliza la perfección, el vacío de la mente, la calma y la iluminación. Un concepto que está muy ligado al minimalismo japonés como minimalista es este con vos y conmigo sea. Libro II y que se baila para representar en cierto sentido el budismo Zen.
El tatuaje que la coreógrafa Manuela Barrero porta en la parte interna del brazo derecho (la parte íntima, la escondida, la más tímida) no parece en esta pieza baladí, otro círculo zen que, grabado en su piel, simboliza la plenitud de lo simple, como lo simboliza de un modo nada casual (porque aquí nada es casual) el círculo que reina en el suelo del Museo de Artes Decorativas de Madrid, un mosaico italiano que cubre casi todo el piso, obra de Pellerin y Domenico. Un símbolo que, tanto en la carne como en el suelo, nos habla de lo infinito, pero contenido en la perfección de la armonía. Este símbolo tan espiritual en el brazo de la bailarina, este círculo danzante que baila con su cuerpo resulta tan magnético para el espectador y tan poderoso que quien lo sabe mirar tiene la mente libre de cargas por el equilibrio interno que es capaz de trazar ese círculo o circuito inicialmente cerrado pero a la vez nunca cerrado… como si de un uróboro se tratara. Porque ¿qué ocurre cuando uno busca lo mejor de sí para darlo al otro y ese otro lo devuelve?
La obra habla de un estado de la mente, ese punto de armonía perfecta donde cuerpo y mente quedan liberados y donde todo y nada existe en el instante presente bailado. Todo queda contenido en la forma de ese círculo que queda abierto. Apertura que utiliza Barrero para evocar esa pequeña parte que siempre queda abierta al infinito…
Por otro lado, un título que lleva inmerso un “yo” entre líneas, nos remite de golpe a Confucio. Confucio, latinización de Kongfuzi. Así, con una serie de movimientos limpísimos, lavadísimos de brazo contra pierna y mano alzada al otro, como la propia pieza quiere lavar el “yo”, la propuesta se nos aparece como una danza meditativa que exorciza el manchado “yo” de todos nosotros y que acompaña desde la desnudez del baile a instrumentos primigenios sin adorno alguno. Así, el verdadero trasfondo de la pieza de Barrero es el concepto de “ren» de Confucio. Dar un paso adelante, a un lado y meterse en el interior del bosque, a esa sólida soledad que mora en el interior de uno mismo. Los bailarines, misántropos todos, saben cómo introducirnos en ese bosque con sus bailes colectivos. Somos seres sociales pero la pieza reflexiona sobre un retiro voluntario de lo social… Si fueran un libro serían Walden, de Thoreau, como esa nueva vida en los bosques. Ellos bailan una plegaria a lo colectivo pero desde la soledad del bosque. Nos incitan a mirar al otro. A perfeccionar las relaciones.
El ren es el corazón del confucianismo y significa benevolencia, bondad, virtud o humanidad, adjetivos tan ausentes en el hoy vivido, un mundo fragmentario y caótico, como nosotros. Aquí se pone sobre el mosaico el amor universal, esa especie de Ser Humano Perfecto. Todo un hallazgo ver cómo a través de la danza, esta compañía de danza consiga elevar tales palabras a un nivel superior.
Hay una pulsión en la pieza y un latido que viene de esa muñeca que late, y que es el reloj de un nuevo mundo. A veces pareciera que los movimientos de los bailarines eran de trazo único, como si sus cuerpos fueran una continuidad, como lo es la escritura japonesa, como aquellos juegos que consistían en dibujar una forma sin levantar el lápiz del papel. Esos movimientos dancísticos apoyados en una misma cuerda nos hablan de la belleza de ese nuevo mundo construido desde las cenizas, desde su destrucción. La tierra es fértil y aquí la semilla es este rezo continuado, una filosofía de vida que celebra la experiencia vital, dando luz a las cicatrices, desterrando miedos e inseguridades, sanando las heridas, aportando belleza y ofreciendo una nueva dimensión a nuestro ser. con vos y conmigo sea. Libro II es un amén, y un amen también, pues es el estudio de nuestra relación de quienes nos rodean. En la obra parece asomar también aquella máxima de Confucio: “niega al yo por un solo día y responde a lo que es correcto y apropiado… todos estarán de acuerdo que eres un virtuoso”.
Bajo composiciones musicales ajustadísimas de Ricardo Miluy, un mensaje queda suspendido sobre el círculo del mosaico. La cuadratura del círculo, todo ser humano es un ser creador. Crea belleza y la belleza nos salva.






