
Museo del Romanticismo
12 de marzo 2024
Fotos: Elena Quintanar
Neoflamenco histerizado
Nuria Ruiz de Viñaspre
Invocar: Llamar a otro en su auxilio o ayuda y proviene del latín, Invocare.
A aquel solo me encomiendo,
a aquel solo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo no conoció
su deidad.
Como si el espacio del Museo del Romanticismo fuera la mismísima calle, la coreógrafa Carmen Muñoz se mueve como pez en el agua o mendigo en la acera. Ella, mimetizada con el cuadro del museo pareciera el negativo andante de un retrato aristocrático. Un diálogo entre danza y cuadro. Así, ataviada con un vestuario que se inserta perfectamente en ese cuadro, nos propone un proyecto donde investiga el flamenco más moderno, más liberador, fruto de una investigación que parte de los límites de la creación artística.
El espacio sonoro, tan importante como la escenografía, se llena de movimientos lentos, quedos, y al rato potentes y llenos de fuerza. Mente y cuerpo en introspección neoflamenca. Bajo la imponente música del compositor e intérprete musical, Derek Van den Bulcke, Muñoz, con su a veces histriónico cuerpo, vibrante, vapuleando tacón contra corriente, nos invoca. Los zapatos amarillos en la mesa de teclados, la música electrónica aflamencada, hacían de la pieza otro cuadro en el museo. Una instalación donde el reloj marca los años pasados y los venideros. Entre ambos, Muñoz bailando histriónicamente. Como si se tratara de una danza histérica.
Concebida como una performance, el eje es el cuerpo moviéndose en una danza posmoderrna. Muñoz sobrepasa las fronteras de la propia danza llegando incluso a modificar lo que entendemos por paradigma. La coreógrafa se pregunta: ¿Cuál es el cuerpo del presente? ¿Cuáles son sus vínculos con el mundo? ¿Puede encontrar una relación con el flamenco? He ahí la indagación, la exploración de los cuerpos donde el tiempo y el espacio son partes fundamentales en la pieza.
Pero también otra acepción de la palabra Invocación, como esa técnica de magia o religión que puede tomar las formas de súplica, oración o hechizo. Una forma de posesión espiritual. Un mandato o conjuro, como una autoidentificación con espíritus. Así, Muñoz exorciza por el hilo de su boca fragmentos de frases inconexas, Necesito lunares azules en las pupilas para dejarme ver, para dejarte mirar… Y es que en su baile hay intoxicación, danza, euforia, desaliento, muerte. Un canto a las mujeres enfermas de histeria del siglo XIX. Música y danza que se entusiasman por esa pérdida de juicio. Adicta a la demencia, Muñoz se entrega al éxtasis y comienzan a bailarle los pies al ritmo contrario de sus manos. Un baile en trance, donde por bailar, baila hasta las hipótesis, como si fuera el LSD de una época histerizada. Pero ¿qué podría causar el espasmo de su cuerpo, que se antoja más como animal de bosque y nombre? ¿Un hongo psicotrópico?
Diagnóstico diferencial: Trance por histeria. Locura por el baile. La enfermedad del salto. Todo un viaje iniciático, desde la lucidez del cuerpo hasta su delirio histérico.






