Paula Vidal. Planos de la Memoria

Planos de la memoria

Por Ellas Crean


“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Lo escribió Borges y lo recoge la artista y arquitecta Paula Vidal en la muestra Planos de la memoria. Una investigación sobre una casa de pueblo  ya desaparecida, en la que vivieron cinco generaciones de una misma familia y cuya imagen ya solo existe en el recuerdo de quienes la habitaron. Una propuesta que relaciona espacio, transmisión oral y memoria y forma parte del Festival Ellas Crean, en el Museo La Neomudéjar.

Paula Vidal, afincada desde hace siete años en Berlín, aúna en su práctica la tradición textil -bordados, vainicas, deshilachados…- con costura digital, registros sonoros, audiovisuales y fotogrametría para formularnos ¿qué recordamos de espacios vividos?, ¿qué olvidamos?, ¿por qué? Preguntas que podrían acompañar a una frase, atribuida a Hannah Arendt, que da la bienvenida a la muestra: “Un pasado no solo se evoca, no solo se cita, no solo se guarda. Hay que pensarlo”

¿No basta con evocar el pasado, hay que pensarlo, como dice Hanna Arendt?

Trabajar sobre un tema, al menos para mí, requiere explorarlo e interrogarlo. En este caso concreto, quería trabajar sobre qué recordamos y qué olvidamos de un espacio que hemos vivido y cómo influyen las emociones y sentimientos en la fijación de esos recuerdos. Me centré en la casa en la que vivieron cinco generaciones de mi familia, una casa que ya solo existe en la memoria de quienes la habitaron y en la memoria, recreada, de quienes la conocen por fotos y narraciones.

Es un tema también cercano a la neurología

Sí, de hecho, empecé formulándome preguntas cercanas a la ciencia y me fui alejando de ellas a medida que empecé a preguntarme cómo expresarlo artísticamente. En realidad, no sé qué fue antes si las preguntas más científicas sobre la memoria y el espacio o la curiosidad emocional por esa casa que ya no existe. De hecho, hace más diez años hice dos piezas de vídeo, presentes en la muestra, Gene transfer y Memoria Mater en las que abordé la transmisión de mensajes de una generación a otra y cómo la casa, que ya era una ruina, permanecía en la memoria de mi abuela como el jardín del Edén. Aquello y aquellos de los que venimos también permanecen en nosotros.

¿Cómo definirías ‘Planos de la memoria’?

Para mí es una exploración artística sobre ese magma apasionante, complejo y delicado al que llamamos memoria y, en concreto, la memoria espacial. Supongo que ahí también está mi percepción de la realidad como arquitecta. En esta ocasión he querido investigar en la representación del espacio, en la memoria sentimental del espacio y en cómo transmitimos ese conocimiento espacial, de una generación a otra.

Llevas seis años viviendo en Berlín donde has realizado grandes instalaciones con inflables, pero el primer gran inflable que realizaste fue en el Centro Cultural Conde Duque.

Sí, casualidades de la vida, entonces la directora del Conde Duque era, precisamente, Concha Hernández, la directora de Ellas Crean. Yo era entonces una estudiante de Arquitectura y, con otras compañeras realizamos un inflable que ocupó todo el hall del Conde Duque. Luego, me marché a Berlín y empecé a trabajar allí como arquitecta y artista, a explorar ideas a través del espacio y no me había planteado exponer en España hasta ahora. Hace meses presenté varias propuestas al Festival Ellas Crean y la directora eligió Planos de la memoria.  Luego, hablando, descubrimos que había sido ella, cuando fue directora del Conde Duque, quien apostó por aquella primera instalación, mi primera instalación. Es sorprendente cómo se van cruzando los caminos. Es un privilegio estar en Ellas Crean y contar con el entusiasmo e impulso de una directora que se implica en cada proyecto.

En tus obras anteriores has creado instalaciones que los espectadores terminan, hacen suyas. En esta muestra tan personal, ¿hay espacio para ese otro?

Pues yo soy la primera sorprendida, esta muestra sobre una casa familiar está reverberando en los visitantes. Suelen comentarme sobre una casa de sus abuelos, de sus padres…casas de infancia donde fueron felices o no, pero fueron casas donde hubo experiencias decisivas y esta muestra parece que los lleva a recuperar esa memoria real o recreada. Me gusta que los proyectos permitan al visitante formular sus propias preguntas. Me encantaría que fuera una reflexión sobre cómo recordamos, reconstruimos y re-imaginamos los lugares o el lugar que define nuestra identidad, como decía Bachelard “ese lugar de ensueño donde puedo descansar en mi pasado”..o cuestionarlo, añadiría yo.

Lugares del pasado, ensueños…parecen temas muy abstractos, ¿qué va a ver el visitante que acuda a La Neomudejar?

El resultado de esta investigación artística lo expreso en dos instalaciones y tres piezas de videoarte. Cinco obras que dialogan entre sí y nos cuestionan esa imagen que a menudo tenemos sobre la aparente verdad única de lo rememorado. Como te decía, me he ceñido, como objeto de estudio, a una casa familiar, de un pueblo de Toledo, ya desaparecida. Invité a mi abuela, a mi madre, a mis tías y primas a dibujar el plano de la casa. Me interesa explorar el recuerdo y su transmisión a través de distintas generaciones de mujeres: de la bisabuela a las abuelas, a las madres, a las hijas. Algunas de nosotras conocimos la casa a través de relatos orales, el espacio sigue reconstruyéndose en nuestras.

La instalación textil ‘Planos de la memoria’ da nombre a la propuesta. Imagino que las plantas del espacio físico, de la arquitectura, serán las mismas.
Pues curiosamente no es así. Sin bien todas dibujaron el dormitorio de mi bisabuela Juana y su patio con flores, cada una trazó un plano distinto y cada una contó aspectos únicos (donde jugaban, el lugar que les daba miedo…) Lo personal, lo emocional, moldea la memoria de los espacios y crea jerarquías afectivas.

El arquitecto y pensador Pallasmaa tiene un libro cuyo título me parece muy apropiado: “La mano que piensa”. La mano tiene su propia memoria, así que, una vez que tuve los planos, en papel, con sus memorias, pensados con las manos, los trasladé a distintos textiles blancos y bordé los planos. Son planos trazados con líneas, pero yo he sustituido esos tramos de líneas por palabras.  Los textiles con sus planos están suspendidos como frágiles estandartes, separadores de habitaciones o sábanas al sol, diría mi abuela, que cada uno que interprete lo que considere.

En la instalación sonora recuperas la tradición oral, con las voces de mujeres de tu familia. ¿Cuál es el valor de la palabra en Planos de la Memoria?

Me pareció más completa la investigación si las mujeres de mi familia contaban en voz alta sus vivencias mientras dibujaban. La voz va tejiendo líneas y las líneas guían la narración. Palabra e imagen se entrelazan para revelarnos cómo los relatos moldean nuestra percepción de ellos.

He creado dos bandas sonoras con fragmentos de sus voces. Algunas de esas palabras también van bordadas en los textiles, formando también líneas del recuerdo. Lo que me interesa no es la fidelidad arquitectónica del recuerdo, sino la memoria representando un lugar. La voz es también el hilo invisible que une los planos con la historia que encierra.

¿Por qué has escogido trabajar con el recuerdo de las mujeres de tu familia? 

La memoria de esta casa se ha transmitido de generación en generación, especialmente a través de las mujeres que han sido tradicionalmente las guardianas de la historia oral. Además, la casa fue un espacio marcado por la presencia de las mujeres, en especial, de mi bisabuela Juana, la figura central. También vivían hombres, pero su actividad transcurría principalmente fuera, en el campo o trabajando en la ciudad, mientras que las mujeres eran quienes hacían de esa casona un hogar.

En otras instalaciones has trabajado con materiales plásticos, ahora has elegido textiles, bordados, ¿por qué?

Cada obra exige su lenguaje y, en este caso, textil y bordado no son solo un medio, también son significado. El acto de coser es un gesto de paciencia y reconstrucción, muy ligado a la memoria y a la transmisión del conocimiento. Además, la costura siempre estuvo presente. Recuerdo a mi bisabuela cosiendo junto a mi abuela y sus hermanas. Acercarme al bordado y a la vainica toledana ha sido un ejercicio de reencuentro, de lenguaje de transmisión cultural y afectiva que habíamos perdido las primas de mi generación. También incorporo herramientas digitales porque, lo que me interesa no es la oposición entre lo manual y lo tecnológico, sino la forma en que cada técnica aporta dimensión a la obra y permite la convivencia.

¿En qué consisten las tres piezas de videoarte Gene Transfer, Memoria Mater e Inhabitant y qué relación tienen con la casa?

En Gene Transfer me inspiro en una obra de la artista brasileña Anna María Maiolino en la que se retrata junto a su madre y a su hija, en una cadena de transmisión de vida y he grabado una pieza donde estoy con mi madre y mi abuela y partimos de la casa protagonista de ‘Planos de la Memoria’. También, inspirarme y trabajar sobre esta obra de Maiolino era enlazarme, como creadora, con una tradición artística.

Memoria Mater es el recuerdo idealizado de mi abuela de aquella casa que ahora está en ruinas.

Inhabitant es una pieza sobre una higuera loca que surgió en el corral de esta casa, en una zona donde se hacía compost. Yo no la recordaba porque éramos muy pequeñas – la higuera y yo-, pero la han citado en sus relatos algunas mujeres de la familia y, al mirar por Google maps, mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que la higuera loca ahora ocupa gran parte de la ruina que es la casa. Es el único habitante de la casa, la memoria vegetal de aquella familia y posiblemente morirá cuando la casa sea demolida.

Después de La Neomudejar, ¿qué planes tienes?

Actualmente compagino mi práctica artística con la investigación en la Universidad Técnica de Dresde, dentro del departamento de Paisajismo y Arquitectura, donde trabajo como profesora asistente, y el doctorado práctico-artístico en la Universidad Técnica de Berlín. Mi investigación aúna la exploración artística y arquitectónica en el uso del espacio, como herramienta crítica, para cuestionar la percepción del espectador.

En los próximos meses presentaré una instalación en Berlín, dentro del festival 48 Stunden Neukölln. En esta obra, el espacio vuelve a convertirse en un dispositivo que interpela directamente al visitante: ¿cómo construimos la realidad desde nuestra experiencia? A través de estructuras envolventes y mutables, el espectador afrontará esta pregunta y le invitaré a cuestionar los entornos que habita.

Más allá de este proyecto inmediato, sigo explorando la relación entre memoria, espacio y percepción, buscando áreas que me despierten interés y formas de materializar estos conceptos en instalaciones que, quizá, nos provoquen una reflexión.

Paula Vidal, artista y arquitecta, profesora asistente en la Universidad TU Dresden. Plantean preguntas y desafíos sobre la huella de la Memoria, ese pasado contemporáneo que lleva el germen del futuro. Sus intervenciones e instalaciones indagan sobre la compleja construcción de verdades políticas, sociales y familiares. Ha expuesto en Venecia, Berlín, Santiago de Chile, Salzburgo y Madrid.


Architect & Artist
Paula Vidal

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