Metamorphosis

Mónica Runde e Inés Narváez Arróspide - Boceto efímero #9

Boceto efímero #9
Mónica Runde e Inés Narváez

Metamorphosis
Por Nuria Ruiz de Viñaspre


Uno de los objetivos de la palabra efímero es la constatación de la transitoriedad de la vida y de la mortalidad. Piezas que duran un día, incluso menos. Un boceto que exponer a diario en cada una de las salas de un museo. Uno, dos, tres, así hasta nueve momentos perecederos que nos hablan de la fugacidad desde la profundidad. Estamos ante una nueva arquitectura efímera. Ante la explicación de la fragilidad que hay en la metamorfosis de un gusano de seda.

Dejando atrás la cortina escrita por Susana y los viejos, o la montaña de sal de 6 metros de La mujer de Lot, hay algo en esta pieza de Mónica Runde e Inés Narváez que recuerda a Bill Viola en su inicio. El sonido del misterio, una lengua de signos donde el habla va por debajo, la danza más mimética. Un halo místico entre acción y escenario. Hay fuerza y sacrificio en la palabra dicha. Mil lenguas distintas confluyendo en dos cuerpos diferentes. Un cuadro pictórico dentro de otro cuadro pictórico.

Crisálidas. Capullos en los que están encerrados los insectos en sus primeras fases. Aquella cubierta protectora que fabrican las larvas de esos mismos insectos, como el gusano de seda, que lo va creando como las bailarinas lo crean, con el hilo que segregan, y dentro de la que se encierran antes de pasar al estado de ninfa. Recordemos la vida de los gusanos de seda que, como cualquier otra oruga, pasan por cuatro fases de desarrollo: huevo, larva, crisálida e imago, siendo este último estadio la imaginación del desarrollo propio de un insecto.

Suena el vuelo de una mosca transmutada en paloma que nos rompe los ojos. El espacio que abarca nos lleva a estos paisajes de la naturaleza humana. Entra la marcha fúnebre con La muerte de Ase (Peer Gynt de Edward Grieg), pieza desgarradora pero serenísima donde las bailarinas hablan con todo lo moribundo. Entra así la muerte para hablarnos de la vida nacida de una larva. Ambas nacidas de la bolsa amniótica. Muerte y transfiguración en la piel primera. El cabello enmarañando el velo de la propia larva. Nacer. Nacer al mundo desde la vida tumbada. Una vida que transcurre al son de la música en el aire. Dos abejas reinas que aprenden a caminar en el nuevo mundo a partir de una música de óbitos. El agua vibrando. Solo ellas saben que los cuerpos se mueven despacio igual que se mueven en el espacio acuático.

Toda brota. Brota la música del agua. El agua de la fuente. La fuente del mar. Todo brota desde su adentro. La vida del crepúsculo. Vida que avanza hacia la puerta de la muerte. A gata, dos orugas no tardarán en ser las mariposas que se extinguieron hace siglos. Vigiladas siempre por los ojos quietos dentro de otro cuadro, les es difícil escapar a las miradas.

Ser miradas. Mirar cómo trepan 6 metros hasta alcanzar a aquella otra mujer convertida en sal de tanto mirar el pasado de su espalda. El pasado retratado en cada cuadro. Bailan debajo del agua, se mueven en ella. Están debajo del mar, dentro del buque naufragado de la propia existencia sin más vida que la propia. Pecio semihundido donde a solas, estas dos buzos se enfrentan al esqueleto del afuera. Ya en las afueras, las afueras del aire, de la mosca, de la larva, corren con sus alas que son patas a ese afuera para contarnos lo que acontecido más adentro.

Mónica Runde e Inés Narváez nos dibujan en el aire el movimiento de su particular boceto efímero. Recordemos a Barceló cuando crea un cuadro en 10 minutos con tintas que desaparecen cuando el agua se evapora. Miquel Barceló definió esta experiencia como “observar la desaparición”, lo cual se ajusta a la definición de lo que es lo efímero de este boceto.

Flotan en el Atlántico necio en el que se ha convertido el museo, la estructura del movimiento y la estructura del sonido. Sonidos de agua que te evocan al agua sin llegar a ver nunca el agua. El apoyo mutuo en aras de la supervivencia de la risa.

El cuerpo como instrumento de creación. Habitar el cuerpo despacio otro en otro espacio que las inspira. Entran armadas de armaduras en la sala de armaduras y salen desarmadas sin bolsa protectora ni crisálida ni ninfas. Solo el aire entre los pies que bailan. Murmuraciones. Biografías pasadas. El nacimiento de la mariposa monarca.

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