De la necesidad del arte

Marian López Férnandez Cao

Marián López Fernández-Cao


De la necesidad del arte

Especialista en trasladarnos la función social que cumple el arte, transmite sabiduría, rigor y entusiasmo, incluso cuando practica el saludable beneficio de la duda. Y cuando lo hace, ejerce una autoridad incuestionable. La autoridad moral que le confiere una trayectoria de compromiso con las más nobles causas, entre ellas, lograr una sociedad más habitable y una ciudadanía más culta.

Su tranquila, pero constante militancia feminista, impregnada de su faceta docente e investigadora, le hace detectar, con suma facilidad, la desigualdad en el arte y en la vida. Sigue y persigue, a través de publicaciones y diversas acciones públicas, el desequilibrio de la presencia de las mujeres en el mundo del arte. De su faceta de artista –pendiente siempre de desarrollar plenamente- dice que está conectada con su manera de entender el mundo. Es Catedrática de la Universidad Complutense de Madrid, investigadora, artista, vicepresidenta de ECARTE (el consorcio europeo de Terapias a través de las Artes), socia fundadora de la sección española de WILPF (Women International League for Peace and Freedom) y ha sido directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM.

Su proyecto de vídeo-cartas en los museos, comenzado hace unos años a nivel internacional como proyecto iberoamericano con Argentina y Brasil, llega ahora al festival Ellas Crean, de la mano de Museos Estatales del Ministerio de Cultura y Deporte. Vídeo-cartas en los museos. Las mujeres cambian los museos: de la memoria del objeto a la memoria de las Mujeres se desarrollará en los dieciséis museos estatales y dará voz a las mujeres que trabajan en ellos, conectándolas con la historia de los objetos y obras que albergan.

1.- Usted reivindica la necesidad del arte en la vida. ¿Tiene el arte un potencial sanador? ¿Puede hacernos mejores personas?

El arte, y más que el arte, los procesos creadores en general -sean a través de lo visual, musical o corporal- pueden ayudarnos a vivir. Siempre que entendamos los procesos creadores como modos de comprender las relaciones conscientes e inconscientes, los procesos cognitivos y emocionales, la relación mente-cuerpo, la visión fenomenológica, en definitiva, que implica la relación intercorporal que tenemos con el mundo y los otros, sí, definitivamente, puede ayudarnos.

El arte es experiencia tanto en el hacer como en el contemplar y es experiencia sentida y materializada. Ver un objeto, contemplar una danza o una obra de teatro, escuchar música, hacerla, sentir nuestro cuerpo en movimiento, nuestras manos, ojos y mente unidas en la realización de un proyecto, implica muchos beneficios que consiguen trascender la inmediatez, unir pasado y presente y darnos una visión amplificada de nuestra existencia, o, al menos, ponerla en relación. La mirada, además, se hace meticulosa, cuidada, al igual que el sentido del oído o del tacto. Desarrolla nuestros sentidos, los amplifica, y nos hace, además, sentirnos parte de una comunidad más grande sin renunciar a nuestra individualidad.

2.- ¿Considera que las enseñanzas artísticas recogen estos principios que señala?

El sistema educativo está descuidando la capacidad creativa y de creación de los niños y las niñas. Creo que no hay una consciencia real de la importancia de las artes y su educación como generadora de bienestar individual y social, de cómo las artes previenen el bullying, la soledad… y a la vez abren una mirada empática y holística con el mundo. Tampoco de cómo las artes educan la mirada científica e investigadora que mira, sin fin práctico, por el propio interés de conocer y reconocernos en el mundo.

A día de hoy nuestro sistema educativo no tiene especialistas en educación artística y visual para los más pequeños. Países como Francia o Italia tienen especialidades universitarias en educación artística, centradas específicamente en la educación en la sensibilidad, en la capacidad de creación y análisis visual y también en la capacidad de transformación del mundo para sus ciudadanos más pequeños, lo que asegura una educación no sólo crítica, sino libre. Como decía Paulo Freire, no venimos a repetir el mundo, venimos a mejorarlo.

España no tiene un diseño estatal de educación artística, ni un programa que implique, por ejemplo, al Ministerio de Cultura y al Ministerio de Educación, como sí lo tiene Francia a través del Alto Consejo en Educación Artística, que pone en conexión centros culturales y educativos desde el más alto nivel, promoviendo programas inteligentes y detallados y enriquecimiento conjunto. No hay voluntad política.

La plataforma #EducaciónNoSinArtes, que une a todos y todas las profesionales del área de cuarenta universidades, tan pronto salió el proyecto de ley, intentó por todos los medios alertar de la importancia de incluir estos especialistas desde los primeros años y su necesaria formación universitaria, así como de la necesidad de armar programas desde la cultura y la educación.

3.- Pasando al terreno de la creación, también es usted creadora: pinta, hace cerámica… ¿Qué lugar ocupa la creación en su vida?

La creación forma parte de mi modo de entender el mundo. A veces consigue que me concentre de tal modo, que tengo la sensación de estar en otra dimensión y eso a veces nos protege de un entorno hostil. Otras veces, me sucede todo lo contrario: me obliga a reconocerme dentro del mundo, mi escala en relación con los otros y el universo, a medir y medirme, a ir más allá, a que mi mirada se haga más penetrante y lúcida, una mirada que consigue encontrar relaciones ocultas entre las cosas, a través de prestarles atención, agudizando la observación o la escucha. O a saber que la realidad, como los puntos de vista cuando dibujas, son todos válidos y todos verdaderos.

La creación fija momentos, nos conecta en el aquí y ahora de una experiencia especial. Recuerdo episodios de mi vida porque los he dibujado y ese tiempo detenido, mientras los dibujaba, me ha permitido ordenarlos y darles un sentido, anclarlos y ponerlos en relación conmigo y el mundo. A la vez, la creación colectiva consigue, más que cualquier otra cosa, hacernos sentir parte de la comunidad, que el lenguaje universal nos conecte con lo más importante de nuestra existencia: con el apego, con la separación o con la pérdida.

4- Su proyecto de vídeo-cartas en los museos, comenzado hace años, llega ahora al festival Ellas Crean, de la mano de la Subdirección General de Museos Estatales, ni más ni menos que a los dieciséis museos estatales. ¿Qué son las vídeo-cartas?

El proyecto de video-cartas Las mujeres cambian los museos. De la memoria del objeto a la memoria de las mujeres se inserta dentro de uno con el mismo nombre que comenzamos hace poco más de un año, como proyecto intercontinental que unía museos, universidades y asociaciones de Argentina, Brasil y España. A través de la red, pusimos durante un año en común las buenas prácticas en género e inclusión que cada museo ha ido haciendo los últimos años.

Creemos que la plataforma ha dado visibilidad a muchos proyectos magníficos que salían de pequeños museos, que pueden ser replicables a ambos lados del Atlántico; pero, más allá de eso, sentimos la necesidad de crear juntas.

Las vídeo-cartas se remontan a las prácticas del arte postal y conectan personas. Por otro lado, el género epistolar, tanto a través de diarios como cartas entre personas, ha formado parte de la cultura de las mujeres. Y en tercer lugar, el objeto, como mediador, conecta pasado y presente, a partir del cual emerge una memoria que podemos evocar. Por ello, nos ofrecía las claves idóneas para hablar de la memoria silenciada e invisibilizada en los espacios de poder y legitimidad que son los museos, a la vez que nos permitía hacerlas vinculares desde dos líneas: entre mujeres, creando genealogía, dando autoridad y voz, por un lado; y por otro, haciendo del objeto no sólo un artefacto estético, sino un objeto vincular, a la manera de objeto transicional.

Las vídeo-cartas que estamos realizando son un trabajo a muchas manos, absolutamente horizontal y colaborativo. Las personas de cada museo piensan qué quieren decir, a través de quién, a quién se dirige y desde qué postura, y eso abre una creatividad inmensa a la vez que una diversidad que constata la amplitud de contenidos que abarcan: desde figuras impresionantes que debemos rescatar, como María Luisa Caturla, por ejemplo, al trabajo común de las mujeres a lo largo de todas las civilizaciones, como cuenta el Museo del Traje. Para mí está siendo una experiencia sumamente enriquecedora, donde las mujeres que trabajan en los museos nos abren generosamente sus puertas y a través de la mirada cuidadosa a la pieza, de la cual queremos extraer casi “el alma” con la cámara, hablamos de “las almas” de otras mujeres, gracias a las cuales existe la cultura, bien porque han contribuido a crearla, o bien porque la preservan, la conservan y la cuidan.

5.- De las vídeo-cartas realizadas hasta el momento, que se podrán ver en las redes de los museos ¿hay alguna que haya dejado una especial huella en usted?

No sabría decirle cual me gusta más. Lo que me emociona es la mirada transversal que habla de mujeres creadoras pertenecientes a la burguesía, pero también de creadoras del ámbito rural, que tienen una idea de autoría mucho más generosa que la de nuestra sociedad. Esa mirada habla también del papel de las mujeres que están detrás: ayudando, investigando, analizando, sea desde posiciones con mayor prestigio, sea desde la propia taquilla del museo. Y eso ha sido algo que se ha dado de modo natural en el trabajo de las vídeo-cartas, que refleja cómo las mujeres tenemos una mirada empática e inclusiva del hacer cultural.

6.- Usted viene de una tradición pacifista y de justicia social. Esa búsqueda de la justicia social la ha materializado en un abierto y militante feminismo, dirigiendo hace años el Instituto de Investigaciones Feministas de la U. Complutense y formando parte de las asociaciones de mujeres de la cultura MAV y Clásicas y Modernas. En estos años de militancia activa, ¿cuáles serían los cambios más notables y qué espacios culturales considera que se resisten más a la normalización de la presencia de las mujeres?

Llevo casi treinta años tratando de hacer de la cultura algo inclusivo, que el binomio cultura-elite pueda ser algo olvidado, pero hay muchas resistencias heredadas y muchas inercias que debemos deconstruir entre todos, entre todas, y olvidar los miedos a la crítica y al pensamiento divergente. Creo que es necesario concebir la cultura no como algo “a donde ir a aprender” sino un espacio de aprendizaje conjunto, que también nos incluye como co-constructoras de discurso. Como ciudadanas y ciudadanos, nosotros también somos cultura, y somos comunidades con derecho a la interpretación y a la escucha.

El feminismo es pensamiento crítico, autorreflexivo, autocrítico. Nacido en la Ilustración, bebe del ejercicio del descentramiento y la pregunta, por eso es inclusivo, además de estar permanentemente abierto y en cuestión. Y es social, porque busca el bienestar de las personas. Cuando ese pensamiento se implica en una concepción de cultura anclada a veces en un discurso hegémonico, jerárquico y excluyente, productor de verdades que legitiman subalteridades de clase, origen y sexo, hace saltar algunas costuras. Y es incómodo.

El discurso que hemos heredado de la cultura está en crisis y eso es bueno. Crisis de legitimidad patriarcal, colonial, de clase. Son muchos paradigmas de una tradición que hoy en día está puesta en cuestión, porque ya no funcionan. Pensar es poner en crisis: por ello, bienvenidas las crisis que provocan el pensamiento crítico. Cada generación tiene derecho a cuestionar el canon.

Creo que es necesaria la concepción dialéctica de la cultura, que abre grietas en nuestras convicciones, que está entre el “ya no” y “el todavía no”, que interroga y plantea preguntas más que respuestas, donde el objeto, testimonio de algo pasado, se reactualiza con nuestra mirada.

A la vez, es importante señalar que los espacios culturales son esenciales, quizá hoy más que nunca: nos detienen, nos acercan al ejercicio de escuchar de otro modo, de mirar de otro modo, de mirarnos de otro modo. Nos descentran. Esa creo que debe ser la función de los espacios culturales: desidentificarnos, ver con otros ojos, desalienarnos de una mirada única, encontrar lo que nos une y lo que nos interroga, y a la vez lo que nos hace trascendernos. El arte nos pone en otro lugar: vayamos.


CONCHA HERNÁNDEZ

Marzo 2022


Las vídeo-cartas podrán visualizarse en la página de Ellas Crean, en los respectivos museos y en la página de CREAV-complutense: https://www.caicreavucm.com/

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