La bailarina del cielo

Paloma Hurtado Danza en los Museos
Foto: Daniel García-Pablos

PALOMA HURTADO / DAKINI
Sábado 19 de marzo 
Museo Nacional de Antropología

Despojarse de lo que no nos hace falta, darle independencia a esa Artemisa que toda mujer lleva en su interior. Abrir el espacio en movimientos de dentro hacia afuera. En el ejercicio aún los brazos están congelados de carga. Descarga, libera, despójate del peso, de la fuerza, siente como e lobo,  con plantas de pies y manos a tierra, siente las piernas como flechas. Tenemos el deber de soñar.

Estas son palabras escuchadas en una entrevista a Paloma Hurtado con motivo de Dakini. La tierra como metáfora de mujer. El lobo como símbolo del poder de la mujer. La arena con símbolo de lo que somos. Sobre ella, la torsión de un cuerpo de bailarina al compás de la música de María Berasarte, Maria Bethânia, Joan Valent, Ara Malikian, piezas todas tan imprescindible en esta obra. Orfeo, Artemisa, los fados y tantos otros símbolos girando alrededor de Dakini.

 

La danza como meditación

Dakini en el budismo representa la naturaleza de la sabiduría sin forma y, en última instancia, podemos decir que todas las mujeres se perciben como una manifestación de la dakini. La presencia de la feminidad en su aspecto más sublime -la iluminación-, es encarnada por la dakini (que en tibetano, significa «la que va por el cielo»). Esta figura en manos de Hurtado es el mismo misticismo en el pensamiento enigmático de la bailarina. Una oda a la naturaleza y a nuestra naturaleza.

Podríamos comparar a la dakini con hadas, musas y ninfas. Pero la dakini es la unidad de la vacuidad. Es luminosidad. Una luciérnaga reptando por la arena. Es espontánea e irradia gnosis en el espacio en el que se mueve. Y “el escenario” para Paloma Hurtado es ese espacio del cielo, la amplitud infinita. El cielo como emblema del espacio donde representa toda la riqueza de su experiencia interior. Hurtado atraviesa el cielo invitándonos a la meditación. Ella camina sobre el cielo arenoso para no olvidar la tierra de donde viene. Los movimientos de su danza representan los movimientos y pensamientos de la conciencia en el flujo mental.

Camina por los desiertos, los bosques, los océanos, las ciudades, los barrios, los castillos.

Vive entre reinas y campesinas, en la habitación de la casa de huéspedes, en las fábricas, en la cárcel, en las montañas de la soledad. Vive en el gueto, en la universidad, en las calles.

Deja sus huellas donde quiera que hay tierra fértil”

(Las mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola).

 

Otro de los símbolos que una ve tomar forma en Dakini es el lobo. El lobo como de resistencia y de aguante físico. Esto se ve en la exigente danza de Hurtado, donde su cuerpo se pliega y se despliega como si fuera un animal invertebrado. El lobo es un tótem que aparece en múltiples culturas. El arquetipo de nuestro inconsciente colectivo, un recordatorio de la libertad personal a la que todos debemos aspirar.

A este animal también se le relaciona con la magia lunar. Y si hay algo que defina el mundo femenino es la luna. El espíritu de libertad de la bailarina. Y en esta pieza el lado femenino y la libertad, más bien la liberación, y la sabiduría interior, están muy presentes. Pies y manos de Hurtado arañan la arena y escriben mensajes indescifrables conformando a veces la postura de la diosa.

Todos estos elementos en una especie de slow motion, no hacen más que invitarnos a una meditación profunda. Ella nos guía en una clase magistral para ir más allá de lo profundo, a una extraña forma de vida, para deshacernos lentamente del peso que arrastran nuestra rígidas piernas. Las suyas, piernas como flechas (como mantiene Hurtado). Toda una relajación guiada.


Nuria Ruiz de Viñaspre

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