Vanesa Aibar. Cristalización1 - Museo Arqueológico Nacional
Museo Arqueológico Nacional
9 de marzo 2025
Fotos: Elena Quintanar

Cristalización I
Vanesa Aibar

La arqueología del cristal

Nuria Ruiz de Viñaspre

¿Qué ocurriría si hubiéramos juntado en un escenario a Einstein y a Bausch? Quizá el mundo hubiera sido otro, ni mejor ni peor, solo otro. Es cierto que Bausch ya fue todo un icono de la investigación de lo abstracto y lo analítico. Pero algo así ocurrió en las escalinatas del Museo Arqueológico de Madrid, unas escalinatas que fueron cruce de caminos entre danza moderna, flamenco y ciencia.

Y es que para que se dé una fusión, hay que tener una grandísima y productiva cualidad: la curiosidad. Profundizar en “lo otro” y no abandonar esa cruzada preciosa hace que vayas más allá en busca del denominador común. Hay fusiones que parecen imposibles en tu cabeza y sin embargo cuando las ves interiorizadas y exteriorizadas en “lo otro”, explosionan la concepción que tienes de la propia palabra “fusión” y se derriban los muros que te separan las ideas en dos campos. Sin esos muros, esos dos campos serían un solo campo. Y en ese espacio conviviría ya una misma cosa pero con distintas formas y comportamientos. Que las artes y las ciencias dialoguen ya viene de antiguo, pero descubrir cómo el cristal (más exactamente la cristalografía) y la danza, que nos rodean ambas a diario perimetral y centralmente, dialoguen, resulta novedoso y como poco, fascinante. Y es que ambos conceptos tienen mucho en común como para iniciar una investigación e intentar ir al núcleo, al centro del campo. La cristalografía es la ciencia que se ocupa de la forma de las sustancias cristalinas y estudia las propiedades de los sólidos cristalinos para poder describir su estructura interna y sus diversas formas. ¿No es esto la danza? La coreógrafa Vanesa Aibar, en su Cristalización 1, va un poco más allá e invita a otro jugador a entrar en el campo: el flamenco descontextualizado y la raíz antigua. Ahora la ecuación es otra, ciencia (cristalografía), danza y flamenco.

Cristalizar en palabras de Aibar es “tomar forma clara y precisa, perdiendo su indeterminación”. Ya estamos dentro de los márgenes de la ciencia con la palabra “indeterminación”. Por ejemplo, en mecánica cuántica el principio de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre afirmaba que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como la posición y el momento lineal de un objeto dado. En estos márgenes se mueve la coreógrafa, la cual intuye y encarna estas ideas para interiorizarlas en la materia de su cuerpo y el cuerpo de la fiel cantaora y guitarrista María Marín.

Cristalización 1 es una investigación inacabada que va incorporando día a día diferentes elementos desde el pasado. A Aibar le gusta trabajar con el mineral como la materia. Recordemos cómo trabajaba el metal en La reina del metal (Premio Max a Mejor Espectáculo de Danza en 2023), para llegar ahora al cristal. ¿Pero puede el cristal ser una fuente de inspiración? Los cristales han tenido siempre un gran atractivo para los humanos pero aún así, decimos “cristal” y la piel se nos eriza porque nos educaron a temer palabras que dañan, que son cortantes o malsonantes… y la palabra cristal, al igual que puñal, dañan incluso sin la cosa delante, porque en nuestra cabeza son armas más que herramientas. Las palabras no son inocentes pero en Cristalización 1, Vanesa nos muestra otra bellísima cualidad del cristal: su indispensabilidad y su existencia en gran parte de cuanto nos rodea. La cristalización es necesaria por ejemplo en la formación de minerales, en la producción de alimentos o la fabricación de medicamentos… La ciencia nos dice que la calidad y el tamaño de los cristales incluyen en las propiedades de los materiales resultantes, del mismo modo que el cuerpo de Aibar influye en la energía de otros materiales. El cristal está en nuestra vidas y en nuestra cotidianidad. Hay bailarines que viven indeterminados en vitrinas de cristal, hay una Generación de Cristal, hay edificios enteros donde el cristal reina… Todos nos cristalizamos hasta llegar a la indeterminación, que no es otra cosa que la ausencia del “yo” determinado.

La idea nace así en conversaciones con el geólogo Juan Manuel García Ruiz, cuando la coreógrafa intuye que las ideas expuestas por el científico tienen una clara resonancia en ella como creadora y como bailaora. Ahí surge la idea de una conferencia bailada, un trabajo conjunto que se inicia con esta Cristalización 1. Geológicamente, hay elementos que son de suma importancia, como la geometría o la manera en la que interactúa un elemento en el espacio. He aquí otro denominador común, ya que en este sentido, el cuerpo de Vanesa es extremadamente geométrico, hasta las facciones de su rostro son carreteras de montaña donde las curvas giran 360 º formando formas geométricas. Sus movimientos son también muy simétricos, no habiendo un centímetro de más en el lado derecho de su cuerpo respeto de su lado izquierdo. Es el tronco el que ordena esta simetría.

Cuando Aibar salta desde la puerta lateral a la escalinata del Museo Arqueológico, y desde allí desciende al precipicio del escenario, el espacio se convierte ya es su estructura, una estructura como continente que ella mide con las extensiones de su cuerpo. Una alineación perfecta. Ella baila con el cuerpo –como contenido– dentro de ese espacio –como continente–. De ahí que conciba el espacio como una forma particular y con esa misma forma dialoga. Cristal y piedra en el Arqueológico. El sonido del cristal tremendamente conseguido de ese tacón arañando la superficie y bajo la también cristalina voz de María Marín que la acompaña. Como cuando pisas un trocito de cristal y chirría el mundo… Curioso cómo ese sonido que en nuestro cerebro sin duda es chirriante y hasta molesto, en la pieza sonaba a música celestial y te llevaba a la belleza del cristal con todas sus cualidades. Así, poco a poco, ambas (bailaora y cantaora) iban construyendo un “algo nuevo” desde lo primitivo, lo originario, buscando aquellos sonidos antiguos desde la nada.

En esta primera aproximación, el vestuario era un contundente acierto. El de Aibar un sencillo traje plisado con vuelo perfecto. Falda con mil pliegues doblados sobres sí mismos juntándose la parte ancha en una perfecta circunferencia más estrecha. El vuelo por tanto era de gran diámetro. Como una lluvia de cristales que todo lo alcanza. Geometría plisada en estado puro. El cuerpo de Vanesa metido en ese traje de malla minimalista y color del aluminio (metal ligero y muy abundante en la naturaleza), bien pudiera parecer un edificio de cristal de Le Corbusier, aquel instigador de la belleza cristalina. Ella era ahí un edificio de 7 plantas dentro de un museo que conecta la arqueología humana. Aibar era una construcción abierta cuyos accesos eran formas angulosas y geometrías metálicas. Y donde su escote eran terrazas de piel pellizcada orientadas al sur. Estéticamente parecía la bella larva de una mariposa de cristal a punto de alzar el vuelo. Formando múltiples dibujos geométricas: polígonos, triángulos, círculos, cuadrados, rombos, múltiples cuerpos poliédricos en el escenario, que son exactamente la estructura tridimensional del cristal. Así, todas esas formas que dibujaba en el espacio el cuerpo de Aibar, eran la verdadera escenografía. Figuras geométricas para explicar la relación con el cristal. Estábamos ante la arqueología del cristal, entendiendo por arqueología como ese profundizar en los restos materiales humanos preservados en el tiempo y dispersos en la geografía.

Igualmente, la figura de María (sentada formando un cubo tridimensional) con su guitarra (formando un ocho son su forma de pera) era geométricamente fiel a lo acordado. ¿Pero se puede plisar todo esto? ¿se puede plisar el cristal? En el valle de la escalinata, ellas. Y en la cima, la escultura formando un cuadro precioso. Ahí había un pliegue. Qué diálogo maravilloso con esa majestuosa entrada del Arqueológico y la estatua al fondo, donde Aibar se elevaba en sus bailes y a la vez se integraba en el entorno, como la naturaleza misma del cristal. Como los pliegues. Todo de una extremada precisión geométrica, donde cada pliegue cuidadosamente formaba, desde el movimiento, la elegancia y también la durabilidad del cristal. El conjunto era la energía que emanaba de los cristales luminiscentes. Ellas, rodeadas de aleatoriedad externa, bailaban en comunidad. La cristalización de la energía de ambas, la empatía era muy palpable.

Maravillosa la interpretación de aquel hermoso poema lorquiano de Poeta en Nueva York en la finísima y cristalina voz de Marín, donde destacan versos como esas “formas que buscan el cristal” y donde la bailaora lo interpretaba magistralmente. Un precioso guiño de nuevo con otras artes.

Asesinado por el cielo. / Entre las formas que van hacia la sierpe / y las formas que buscan el cristal, / dejaré crecer mis cabellos. / Con el árbol de muñones que no canta / y el niño con el blanco rostro de huevo. / Con los animalitos de cabeza rota / y el agua harapienta de los pies secos. / Con todo lo / que tiene cansancio sordomudo / y mariposa ahogada en el tintero. / Tropezando con mi rostro / distinto cada día. / ¡Asesinado por el cielo!

Y así, con un arco de violín sobre guitarra, concebía Marín la banda sonora del cristal arañando dulcemente la tierra y del tacón sobre el propio color del cristal. La voz humana acompañando en balbuceos el tacón en equilibrio. En los matemáticos movimientos de Aibar, estudiados todos al milímetro y que directamente nos llevaban al rizo, la curva y la geometría de lo natural, convivían dos simetrías: la simetría de lo inorgánico y la simetría de la intuición, de la sensualidad de la vida. Cada extremidad de la bailaora era un cuerpo autónomo, una extensión de ese rizo, de esa curva. He ahí el equilibrio de la contradicción. Pues resultaba muy curioso cómo el cristal, que podría llevarnos a palabras como “frágil” por esa facilidad de romperse, nos hacía reflexionar con el baile propuesto sobre lo contrario, la fortaleza y la durabilidad a través de la danza contemporánea y ese flamenco descontextualizado que eran una vena en la coreógrafa.

Un delicado trabajo eminentemente femenino donde insisto, partiendo de la geometría, se reivindicaba en cada golpe de tacón, la curva y la sensualidad. Un flamenco que golpea el corazón desde un único campo para ver interactuar las artes con las ciencias. Sin duda alguna la danza es un lenguaje dialogante que todo lo abarca.

Destaco la fantástica idea concebir la entrada y salida de bailaora y cantaora a través de esa gran puerta del Arqueológico, ya que simbolizaba la puerta que unía estas artes a través de una misma bisagra.

Ficha artística
Vanesa Aibar. Dirección, coreografía y baile
María Marín. Composición musical, voz y guitarra.

comparte
Resumen Ellas Crean 2026