Instalación - Paula Vidal "Planos de la memoria" - La Neomudéjar
Fotos Elena Quintanar

Paula Vidal
Planos de la Memoria

▸ hasta el 30 marzo en La Neomudéjar

El hilo de la memoria

Nuria Ruiz de Viñaspre

Aunque hagas cien nudos
la cuerda sigue siendo una
Rumi

 

En una 21 edición de Ellas Crean, donde la memoria y la contemporaneidad rotulan todo marzo, no podía faltar un espacio expositivo en el que plantar la memoria y destejer el pasado para tejer el presente en un material como la tela. El telar siempre ha sido muy simbólico, mitológicamente nos lleva a Penélope o a Ariadna. Paula Vidal, artista y arquitecta nos propone en La Neomudéjar una instalación que apela directamente a nuestros sentidos donde diseña y configura los planos de una casa familiar en la que vivieron cinco generaciones con todos sus entresijos. Entre paredes abiertas, sus antecesoras, y ella misma, van tejiendo la historia familiar con hilos y memoria o con hilos llenos de memoria. Las memoria textil se palpa en el lenguaje artístico en el que Vidal se mueve como pez en el agua. Paneles que son libros abiertos con los que interactuar. Narraciones que nos cuentan vidas con sus más (las alegrías) y sus menos (las heridas) y que tienen eco en cada uno de nosotros, pues todos estamos cosidos por ese hilo que atraviesa en la propuesta de Vidal en lo generacional. Esa y no otra es la herramienta de la artista, el lenguaje de la memoria a través de lo textil y el bordado con el que cose los siglos.

Todas son mujeres que tejen y saben. Mujeres que al tejer construyen pieza a pieza la historia para plasmarla en un gran telar. Mujeres que derivan de aquellas mencionadas tejedoras Penélope, que tejía y destejía, o Ariadna, aquella que permitió la salida de Teseo del laberinto, tela de araña donde andaba atrapado. Paula Vidal, por esa misma aguja enhebrada a lo mitológico, recupera su pasado recuperándose. En el pasado las mujeres se reunían en un momento determinado del día, se juntaban para coser y conversar de sus cosas, pero aquellas cosas del pasado son las cosas del hoy en la artista. Esto me recuerda un verso fabuloso de Ida Vitale que dice: “No pienses, no procures, teje”. A eso nos invita la artista en la Neomudéjar. Recorrer toda esa casa al amparo y desamparo del destino, y no pensar, no producir ideas, tan solo sumarnos a ese tejer la memoria. Una experiencia inmersiva y eminentemente sensorial en la que Vidal invita a las mujeres de su familia a dibujar el plano de la casa familiar y a todas las mujeres a sentirnos parte de esa casa.

Concebida con telas colgando, suspendidas como se suspende el tiempo en nuestro cuerpo, a través de unos audiovisuales y una parte sonora que nos predispone, la artista nos adentra en ese universo del “tejer”, y da muestras de su dominio. Así, caminando, a cada paso te encuentras con jirones, bolillos, ganchillos, agujas, bordados que vienen desde atrás… Muy destacables son tres piezas de videoarte tituladas “Gene Transfer”, “Memoria Mater” (un homenaje a la abuela de aquella casa viva ahora en ruinas) e “Inhabitant”. En “Gene Transfer” hay una imagen brutal que nos señala amorosamente a todas porque hay algo meditativo en ella. Es un hilo horizontal atravesando tres bocas. Hilo que va de boca en boca y tira porque le toca. Hilo que va de una a otra, que no tiene ni principio ni final y atraviesa bocas que vivieron y testificaron palabras de sus respectivos siglos. Bocas abiertas o cerradas según las circunstancias. Tres generaciones vivas y un solo hilo. Como una transferencia genética horizontal, como esa transmisión del ADN de abuelas a madres y de estas a hijas. Vidal sabe bien que no hay nada en el futuro que no haya estado en el pasado y es que ella no sería ella si no hubiera heredado esos genes de abuelas y madres. Son los recuerdos de su porvenir a través del vínculo femenino de su mundo.

Destaca también por la gran metáfora que encierra, la higuera “loca” (en la pieza “Inhabitant”) que le dio por crecer en el corral de la casa gracias a la semilla que le robó al compost. Una higuera que hoy ocupa gran parte de la casa y sigue extendiendo sus ramas hacia el cielo resurgida de la ruina. Las ramas aquí son los brazos de todas aquellas mujeres que habitaron la casa. Hoy es la única “Inhabitant” (habitante) y dueña de una casa en ruinas, y dentro de ella, todos los ancestros que allí cosieron bordados en vespertinas horas en un patio con el cielo futuro de techumbre. Una higuera en tres dimensiones. Una por cada generación viva. Memoria vegetal que me recordaba a esa naturaleza exultante y salvaje que plena de memoria creció y creció en medio de la destrucción que causó el desastre de Chernóbil.

Hay unos versos de Juana Ibarbourou que reproduzco de un poema titulado “La Higuera” (lo señalo como guiño no solo a esa higuera loca de aquella casa familiar sino también por el nombre, pues Juana se llama la poeta y Juana la bisabuela de Paula.

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

[…]

cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto»

Todas estas estructuras espaciales son la trama de la propuesta. Paneles colgantes y una generación de mujeres unidas por una ecuación; una línea bordada por cada palabra. Y es que la palabra (como lenguaje) y el verbo “tejer” también son uno en esos telares con separadores que invitan a ser traspasados. En el recorrido nos encontramos con las voces del pasado. Voces que traspasan las telas y nos narran vidas. Porque la tela es el hilo de la vida. Por todo esto el visitante no es pasivo ya que constituye otra de la parte de la instalación. Se ve interpelado a experimentarlo todo desde su propia historia. Paula teje tramas e hilos y construye un relato para ser recorrido, para introducirnos en su casa familiar como refugio, para tocar con los ojos la memoria grabada pasada. Para deshacer la trama de su pasado, que es el pasado de todas. Podríamos pensar que la mujer al coser o al tejer deja la memoria pero aquí es el hilo que enhebra Vidal para engarzar y transmitir una herencia cultural.

Un trabajo muy delicado y tremendamente consecuente con la importancia de la mujer en el ámbito familiar y con los recuerdos o la maquinaria que se activa en nosotros para generar y conservar esos recuerdos. La memoria es transferible e impregna todas nuestras acciones. Palabras como espacio, memoria y percepción, son en esta instalación otra gran pata. El telar es quizás la máquina de escribir más antigua del mundo y lo evanescente de la memoria está impregnado en ella. Una propuesta de estas características en un mundo tan veloz como el de hoy, no deja de ser una reivindicación del valor del tiempo lento, de la conciencia de nuestros antepasados. De la comunidad.

Un título acertado “Planos de memoria”, pues encierra las dos facetas que conviven en Vidal, la arquitecta con sus planos  y la artista consecuente que trabaja y teje su propia memoria. Una mujer hecha a mano.

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Resumen Ellas Crean 2026