Cía Silvia Batet. Interprete Anna Serra - Museo Nacional del Romanticismo
Museo del Romanticismo
13 de marzo 2025
Fotos: Elena Quintanar

Cía Silvia Batet
Sacrée

DESANDARSE CON EL CUERPO

Rosana Acquaroni

Sabemos que la danza es mucho más que un desplazamiento en el espacio. Es retorno a la raíz del enigma. Regreso a la semilla que nos germina desde dentro. Este es el viaje que nos proponen Silvia Batet y Anna Serra con Sacrée: ya las pudimos disfrutar en una anterior edición de Ellas Crean con Oblivion, donde cinco danzantes con largas faldas giraban inspirándose en la hipnótica ondulación circular de los derviches. Pero esta vez es una sola bailarina la que nos conducirá a ese epicentro sin apartarse nunca de su eje.

En la penumbra Anna descansa replegada sobre sí misma en el suelo del Auditorio del Museo del Romanticismo. Está enmarcada por una negra losa elíptica, líquida y acharolada. Perímetro sagrado en el que irá alumbrando su propio nacimiento. El sencillo vestuario en blanco y negro creado por Bárbara Glaenzel dialoga con el juego de luces y sombras.

Empieza el movimiento, el despertar de un cuerpo, al principio apenas perceptible. Espasmos milimétricos donde cada músculo se contrae y se expande con una exactitud convulsa y metamórfica. La fortaleza se va llevando al límite. Tendones modelados como surcos que parecen cargar con el peso del mundo. El espacio sonoro creado por nara is neus se hace cada vez más rotundo y trepidante. Bucle rítmico donde se funde un sonido mecánico -que recuerda al de las incansables máquinas extractoras de petróleo- con el barritar profundo de las trompetas tibetanas. Y es que hay a la vez concentración y abandono en ese constante rompimiento.

Todo lo dice el cuerpo y sus criaturas: Anna mineral, crisálida o insecto. A veces nadadora a punto de zambullirse o mantis religiosa en actitud amenazante. Cada imagen posee una simetría bilateral, una visión caleidoscópica. Ahora sus omóplatos se yerguen y crecen como alas de hueso. ¿Es una danza que libera o esclaviza? Anna se hace fuerte y vulnerable con cada movimiento. ¿Y su rostro? Tan solo se vislumbra. Permanece con los ojos bajos y entreabiertos, como los budas antiguos que al meditar parece que se miraran desde dentro. Nada histriónico ni narcisista en este profundo y bellísimo desandarse con el cuerpo.

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Resumen Ellas Crean 2026