
8 marzo 2024
Museo Arqueológico Nacional
Foto: Elena Quintanar
Reflexionando la tradición
Nuria Ruiz de Viñaspre
La entrega del cuerpo a la tradición, la rendición del cuerpo, pasa muchas veces por el sacrificio y la autoflagelación, y eso es lo que reflexiona la coreógrafa Laia Santanach en este site specific, Tradere, la entrega del cuerpo sin límites y sin esperar nada a cambio, por muy disparatada que sea esa entrega. La constatación del interés de la coreógrafa Santanach por reinterpretar y reinventar lo popular desde su propia mirada se hace patente en lo expuesto. Lo tradicional reina en su “entrega”. Descendiendo por esa gran escalinata del escenario del Museo Arqueológico, y muy acompañada, se revuelve esta enorme pedagoga y estudiosa del cuerpo como algo físico y que ha sabido inyectar la tradición en el cuerpo con el único fin de crear hermandad, comunidad.
Tradere aúna la danza contemporánea con una base de música electrónica, y es a partir del riesgo y la repetición, donde se habla de esos cuerpos puestos al borde del precipicio de las tradiciones. Coreógrafa enérgica que trabaja por igual cuerpo, palabra y música, y que deja sobre el escenario una pregunta al aire: ¿cuántas veces ponemos el cuerpo en riesgo en nuestro día a día? ¿Qué sentido tienen algunas tradiciones? Interesante que la coreógrafa a veces nos “abra los ojos” a algunas tradiciones basadas en el despropósito, y realizadas siglo tras siglo por temor al rechazo. He ahí la gran reflexión.
En Tradere se entrelazan brazos, piernas, torso, pies, manos. Unos tapan ojos y boca a otros, gritan, confiados, se abandonan al vacío del otro porque saben que hay unión entre ellos. Hay comunidad. ¿Existe algo más hermoso que crear comunidad a través de la danza? Al ojo humano, a veces sus cuerpos parecieran algo distorsionado, ya que ya no sabe una dónde empieza uno y dónde acaba el otro. Formas inesperadas que toman los juntados cuerpos. Nuevas estructuras de carne y sangre entremezclada. Bloques de carne y sangre, sí, porque aquí hay mucho de ritual, de tribu, de ancestral y todo ello más allá de la repetición que se da. Cuerpos que se golpean el pecho y nos llevan a la simbología. Por ejemplo, a la esternomancia, como ese tipo de adivinación antiguo que se llevaba a cabo leyendo –como el lee los posos de café– los golpes que había en el esternón de una persona, y que pudo haberse practicado también como sacrificios humanos. Golpes que, en el pecho de Santanach, parecían implicar un hablar a través del pecho. O por el contrario, nos recuerdan aquel fervoroso “Yo confieso, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” mientras golpeaban sus pechos con sus propios puños. Toda una mirada personal sobre la danza tradicional popular del traspaso. Bella esa “entrega”, ese “entregarse en cuerpo y alma”, ese entregarse al otro y al esfuerzo, como nos recuerda el título.
A base de concéntricos bailes, golpes en tambor y pecho, de ese algo de exorcismo animal, de ese barro del que estamos hecho y de esa carne entrelazada liberada, Santanach parece querer abrirnos los ojos, ojos que mantenemos voluntariamente vendados, como ellos se vendan unos a otros para ver mejor. Recordemos que en la cultura occidental, por ejemplo, la venda en los ojos es un signo cuyo valor no es estable ni totalmente unívoco, sino que suele variar en función del tiempo y el contexto al que pertenece una determinada imagen. Cuántos cuadros simbólicos llevan sus personajes los ojos vendados, recordemos también aquel juego infantil (casi macabro) de “la gallinita ciega”. Y es que cuando hablamos de prácticas de tradición popular hay un cierto halo macabro que va por debajo y que la coreógrafa sortea a base de belleza.
En Tradere hay imágenes que te llevan también a tradiciones conocidas, como los castellers, o esa gran piña que es la base de toda torre desde la que la humanidad asciende sin importarle poner o no a riesgo el cuerpo. En definitiva, una pieza terrenal y necesaria, marcadamente coral, donde los bailarines Mario G. Sáez, Julia Sanz, Santanach y Carlos Martorell, con su música, se entregan a una danza contemporánea repleta de aires ancestrales. Santanach deja a un lado los tiempos y a la vez cose los siglos para revisar el pasado y desde ahí revisitar el lugar del que venimos. La aguja es el tiempo y el hilo es la tierra, el mundo rural y la fiesta popular.
Es importante mencionar una palabra que es clave para la coreógrafa: “identidad”. Toda tradición te idéntica con una comunidad, por lo que tiene mucho de identidad. Cada intérprete tiene su propia identidad pero también hay una identidad de bloque, de unidad. En definitiva, una reflexión sobre la permanencia de las prácticas tradicionales donde el grupo es un todo. Una pieza que nos recuerda el gran valor humano y cultural que debemos preservar. La humanidad vista como un todo, como un solo átomo.
Tradere, explica la coreógrafa, “es un vocablo que proviene del latín y encierra dos significados: la entrega como aquello que otorgas y la entrega personal del compromiso, de entregarte a una causa”.




