La escuadra agónica

ANATOMÍA Y ESTRATEGIA

todo lo que hay ha existido siempre
nada puede surgir de la nada
y algo que existe,
tampoco se puede convertir en nada
Parménides

Nada existe,
excepto átomos y espacio vacío,
lo demás es opinión
Demócrito


La controversia está servida. Una mide sus dimensiones, dibuja con tiza o embala con una cinta un cuadrado perfecto de un metro de ancho por un metro de alto y sobre-vive en esos márgenes. Es un espacio acotado. El límite que nos dibujamos a nosotros mismos y donde toda línea es frontera. Agónico límite visto desde el afuera. Pero este espacio agónico también puede concebirse como su antagónico, el espacio liberador que se vive dentro de ese espacio. He ahí la clave del cuerpo como parte única del pensamiento de Natalia Fernandes. La claustrofobia que se siente del espacio exterior al espacio interior o la agorafobia que se siente del espacio interior al salir al espacio exterior. ¿Dónde reside el miedo? ¿En qué lado de la casilla dibujada está? ¿En el interior, o en el exterior? Dentro, los límites, los propios, los personales, los sociales, etc., y el propio marco acotado que propone el arte. Todo un discurso sobre la humanidad desde la animalidad, desde lo primigenio. Hay un rumor en los bordes del cuadrado que dibuja Natalia. Un caminar eterno en plena consciencia. Es un caminar sin llegar, he ahí la técnica. Caminar sin deseo ni finalidad. Así ella camina por un metro que se ha vuelto infinito. Camina por nosotros mismos y camina por todos aquellos que no pueden caminar. Camina y recorre su cuadrilátero por todos los seres vivos, pasados, presentes y futuros. Es la consciencia plena mientras fuera ruge un mundo complejo y caótico. Y es que meditar significa poner total atención en algo. Toda una oportunidad para mirar profundamente dentro de nosotros y ver cómo relacionarnos con el exterior.

La materia blanda juega un rol importante en la vida cotidiana dentro de ese cuadrilátero acotado. Las células y tejidos de Natalia están constituidos por materia blanda. Ella rastrea su “cuerpo” animal, la masa de materia blanda del cerebro y su relación con los procesos mentales. Convierte así el Yo dancístico en territorio de exploración. Es la anatomista de la miseria humana.

En cuanto a lo matemático y lo experimental de la instalación de Natalia Fernandes porque es una instalación, recupero aquí la idea del número áureo, la razón áurea. Ella propone un espacio construido a partir del número 4, que son los lados perfectos e idénticos del cuadrado. El 4 es la medida del cerebro que nos conecta con la razón, y la lógica, y cuya acción toma la forma de un cuadrado perfecto, espacio carente de bordes donde allanar la mente. Cuadrados perfectos que parecían cuatro paredes y donde Fernandes podría encerrarse en frases como: soy lo que mi cuerpo me permite. Ni más ni menos. Ella es un cuerpo en ángulo recto formulado como un pensamiento en ángulo recto y no al revés. Su cuerpo es su cartabón. La escuadra de su universo.

Harold Hardy, matemático británico que formuló la desigualdad de Hardy, mantenía que un matemático, lo mismo que un pintor o un poeta, es un constructor de configuraciones. Y eso mismo ha hecho Natalia trasladándolo a la danza, una perfecta construcción de configuraciones que sitúan en la misma balanza la belleza de la naturaleza con la parte más destructiva de la humanidad.

A través de la acción de caminar, ella traza su larga trayectoria dentro de sus ángulos limitados. Caminando en un tiempo indefinido se siente segura dentro de la agonía vivida desde fuera. Me vino a la cabeza la película The Square, cuando dice: The square es un santuario de confianza y afecto. Dentro de él todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, lo que a su vez me llevó a Nostalgia de Tarkovsky, ambos con un discurso parecido del desasosiego. Estamos ante una actuación que va evolucionando y va tomando pulso al público. Incluso la forma que toma de gorila Natalia me llevó a una escena de esa película. Y eso es el cuadrado para Natalia, un santuario de confianza desde el interior, pero agónico visto desde el exterior. El cuadrado es el límite que nos impone la sociedad y el límite también de las relaciones humanas. Trasgredir esos límites con el cuerpo es su religión. Todo un estudio anatómico de su cuerpo. Un viaje personal hacia la verticalidad.

Por otro lado, bajo un cuadrado que se me antoja como un disco de luna, esta especie de deidad se me asemeja al buda de la compasión Avalokiteshvara, con sus mil brazos y sus once rostros de compasión infinita. Aquel buda cuyo mantra decía una y otra vez, Om mani padme hum. Buda con once cabezas para poder escuchar el lamento de los innumerables seres y mil brazos para ayudar a todas las multitudes sufrientes. Y cuyo único deseo era el de despertar colectivamente a todos los seres vivos del universo de sus ataduras y hacerlos libres desde el propio encierro. Deidad que mira hacia abajo para mirar el sufrimiento con compasión. Contorno y contorsión del cuerpo en ese microscópico espacio. Cuerpo que se distorsiona, músculos que se enervan, tendones que se estiran… su mundo mide eso, el dolor universal y la relación que mantenemos con él. Milímetro a milímetro estudia su habitáculo. Es la contorsionista del espacio sin espacio. Un junco que se dobla como se doblan los mantras. Es un buda que tararea dentro de su cueva una nana que dura más de los que dura la longitud de sus líneas.

El espacio es una invención de la mente. Y el tiempo es otra invención de la mente. En Anatomía y Estrategia, la estrategia es esa, que el tiempo y el espacio no existan, ya que la anatomía de su cuerpo es su propia estrategia. La condensación de su cuerpo hace al ojo ajeno comprender un cuerpo ausente de heridos huesos. Un cuerpo blando como la mente blanda que medita. Se mueve por el cuerpo no por la mente. La mente deja de exigirla y de existirla. Es el cuerpo el que envía órdenes a cada átomo de Natalia. Es la yogui del cuerpo dentro de su cueva. Un bulto arrebujado caído del espacio vacío a otro acotado espacio. Asceta que intenta alcanzar la perfección espiritual a través del cuerpo. Sus articulaciones dicen y se contradicen y lo que hoy es pierna mañana es brazo y es abrazo. Ella estira sus músculos hasta el onírico inicio.

Una habitación dentro de una habitación dentro de un museo. Su cuerpo es una instalación en contante movimiento. Los minutos se alargan como se alarga su cuerpo y su músculo. Sus manos son sus pies y sus pies son sus manos y lo que fue mujer se convierte en un Totem. Un animal mitológico de cuatro patas que más allá de la línea y el vértigo da el salto a la nada. Mientras, a su alrededor, el mundo sigue su curso.

Ella se mueve en la habitación del pánico y a la vez en una estructura que salva. Mente limada y limpia de todo pensamiento. Toda la concentración en el cuerpo y nuestros antepasados dentro de ese cuadro. Sus piernas miden su longitud y son la regla que maneja su ínfimo espacio. Meditación en estado puro mientras verifica sus vértices y sus ángulos con la propia medida de su cuerpo.

Pegada a tierra su lucha es alzarse en vertical línea y contradecir la línea dibujada que a golpe de tiza o cinta acota su horizontalidad. Funambulista sin red que no se sale de la raya. Sus muñecas son tobillos que la sostienen en su mundo estrecho. Está fuera del mundo, pero dentro del mundo… y es que todos estaremos fuera del mundo hasta que no estudiemos palmo a palmo nuestro cuerpo. Ella se va descubriendo a sí misma. Descubre atónita cada átomo cada tendón cada núcleo al fin. Estamos ante la revelación de su propio cuerpo alineándose con el universo. Se nuda y se desnuda el nudo para conocer cuantas posibilidades le ofrece el cuerpo. Su cuerpo es su nido. Una sucesión de dislocados movimientos, de articulaciones partidas a la mitad, de pasos en falso… La agonía está servida. Natalia busca todas las estrategias que tiene el cuerpo para acondicionarse y la atención al cuerpo la permite vivir con una cierta soltura agónica en ese metro cuadrado. Un aprendizaje espacial donde la anatomía de nuestro cuerpo se amolda a cualquier mundo.

Es la arquitecta de la arquitectura de su cuerpo. Busca saber cómo desenvolverse en la estructura recreada. Se erige como el traje que mira desde la vitrina su torcido torso distorsionado y su pierna es la aguja del reloj que marca un siempre hacia adelante. Hipnótico viaje donde hay un algo en ella que se queda dentro de su cuadro para no caer al vacío exterior. Es su destino, encerrada, pero a la vez liberada porque ese cuadrado es ficticio como ficticio es la medida de su afuera.

Desde la constatación del tiempo infinito ella es la reencarnación de todos los seres sufrientes. El felino que mide su cueva. La serpiente que muda su piel. El gorila que con sus delanteras patas toma medidas de su nueva estancia. La cueva del eremita donde el cuadro es el asilo y el sueño al tiempo.

Pasan los minutos inexistentes y el espacio exterior se vuelve más vacío y el interior se llena de ella. El mundo se vacía y ella es un ovillo que crece cada vez más y ocupa más espacio en el mismo metro. Como esa bola de nieve que tras un alud incorpora más materia blanda y toma dimensiones gigantescas. Una escultura atemporal. Y su cuerpo en marcha es la marcha del cuerpo por el espacio. Construyéndose su propia casa de mimbre.

Toda una experiencia esta despedida de Ellas Crean. Enhorabuena.


Por Nuria Ruiz de Viñaspre

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