Figuras recortables

Melon & Water Melon

Dos bailarinas llegadas de dos mundos. Una israelí, más de tierra y la otra ilicitana, más de mar. En el hall del Museo Antropológico se juntan dos países. Dos arácnidos verdes bailan dentro de un espejo que las une. Dos alicias dentro de ese espejo. Un reflejo en el que, si sus cuerpos fueran papel y pudieran doblarse, la mitad de la cabeza de la de más tierra encajaría con la otra mitad de la de más mar. Haciendo a veces uso de la mímica, dos frutas exóticas se entretienen, entretienen. A través del espejo la una otorga otra vida a la otra. Ambas giran sus papeles. Pues vienen de universos diferentes. Cada una llega de un lugar distinto, pero bien compenetradas. Antagónicas frutas con puntos en común. La una balancea a la otra. Miro sus 8 patas que funcionan en 4 pares y tienen tanta elasticidad que una no sabe si se partieron en alguna huida… Dos artrópodos en un museo antropológico diseñados para moverse con facilidad y conservar la energía. Tantas patas y con un perfecto equilibrio a pesar de no tener los músculos en las extremidades sino en el vientre, generador del baile y de la seda, o también en la pelvis, de donde nace el empuje, desde el origen. Dos artrópodos que saben bien cómo utilizar su potencia hidráulica en busca del movimiento. Paso a paso van produciendo seda para tejer sofisticadas y divertidas telarañas, que son su propio mundo. Arañas que se transforman en garzas y se engarzan a una toma de tierra. A una toma de mar.

Ellas comienzan el baile muy sutilmente. Casi en cámara lenta, la una cóncava y la otra más convexa están re-conociéndose. Oliéndose. Midiéndose. Rozándose. Contrayéndose. Expandiéndose en movimientos a veces robotizados. Hay en ellas una sutil separación de músculos, como aquellos “pavos reales” que tan bien sabe bailar. Tocan la identidad, la sexualidad, la sensualidad, la fuerza motora, las capacidades… El movimiento de una determinada y llena de dirección el movimiento de la otra. Se dan la mano y se tocan el dedo índice como si un dios se lo diera a estas adanes y evas el día de la Creación. Porque se están creando a ellas mismas como mujer a merced de otros vientos. Se dan vida. Se buscan para identificarse. Soportan embates y la energía de una se traslada a la otra. La temperatura sube y los cuerpos se electrizan. En movimientos más sensuales las arañas se aparean. Como si fueran como aquellas arañas Maratus volans, en un baile ritual de apareamiento y comunión.

Movimentos a ras del suelo escrutados a ras del suelo. Midiendo sus fuerzas en esos suelos. La una rellena el hueco de la otra y el cosmos se equilibra. No hay ya lugar al vacío. Lo cóncavo rellena lo convexo de sus cuerpos. Es como si el cuerpo de una hubiera sido diseñado para el cuerpo de la otra. La energía tiene un color verde musgo que atraviesa la vena de todos nosotros. Una lucha y una entrega sostenidas desde el sacro. Como se mantienen en pie algunas frutas, alineando el sacro. Balanceadas frutas con cuerpos redondos y llenos de vértice y agua. Ambos con semillas en su vientre. Ambas con semillas en su vientre. La una sube sobre la otra y forma la estructura de esa araña mencionada. Anatomía idéntica que también conforma una doble W y que a su vez nos recuerda la constelación de Casiopea plasmada en el espacio. Si doblamos de nuevo esa W, como hacíamos con aquellas muñecas recortables, sus paramétricas piernas se plegarían formando la V de Victoria -gesto, por cierto, repetido varias veces por las bailarinas, como si hubieran resultado ganadoras de la carrera de la vida-. Desde allí ellas se rebelan, nadan, vuelan, corren, bailan, son arañas-modelo, se divierten con el fin de descubrir en qué tipo de persona encajan… El punto del que parten es la libertad. Y la libertad la da la libertad que les da el propio baile.

Con ese tántrico No, pero sí, sí, no pero sí van entrando en las aguas de la duda desde la firmeza, la multiplicidad y la multiplicación. Dos mujeres que se complementan y se contradicen nos dejan un mensaje. Esta danza es como ellas, sensual como el mar ilicitano y sólida como la tierra israelí. Un trabajo eminentemente experiencial.

No dejo de preguntarme lo universal que es el lenguaje corporal, la danza en este caso, en dos bailarinas que probablemente hablen dos idiomas diferentes.


por Nuria Ruiz de Viñaspre

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