Fandango Reloaded (extracto en solitario)
29 de marzo 2025
Museo del Traje
Fotos Elena Quintanar
Inka Romaní
Fandango Reloaded (extracto en solitario)

Ni una reina ni una santa

Rosana Acquaroni

La labor de recuperación y conservación de nuestro folclore ha sido amplia e intensa durante las últimas décadas. Contamos con rigurosos estudios, filmaciones, cuadernos de campo, transcripciones sonoras, todo bien custodiado en bibliotecas y archivos. Sin embargo, todavía nos queda una asignatura pendiente, quizá la más difícil: la de apropiarnos de ese legado y resignificarlo para que siga vivo. Eso es lo que Inka Romaní se propone con Fandango Reloaded, pensada para cinco bailarines pero que, en esta ocasión, interpreta en solitario. Un viaje al corazón de la memoria colectiva del Fandango de Ayora, su pueblo, fronterizo entre Valencia y Albacete. Un proceso de deconstrucción, -que no de disección- del compás ternario tradicional, en sintonía con otras compañeras de generación, como La Chachi, que explora y reinterpreta algunos palos del flamenco.

Mientras suena la melodía del Fandango de Ayora, Inka atraviesa el vestíbulo del Museo del Traje caminando con un paso extremadamente parsimonioso, casi ceremonial, que contrasta con su vestimenta. Todo un acierto este rompedor diseño de Teresa Juan donde se integra el atuendo urbano -gafas de sol, amplia sudadera oscura, zapatillas de deporte con calcetines blancos, eso sí, rematados por la clásica puntilla y borla de los trajes regionales- con las tradicionales faldas de Ayora sobrepuestas pero en distintos largos, a modo de estratificación geológica o muestrario de telas para tapicería.

La música cesa. La joven bailarina y coreógrafa nos quiere revelar algo. “Una pieza del pasado me persigue”. Es la frase que se proyecta en la pared del fondo. Se inicia así un relato que más que guionizar la danza establece un diálogo silencioso con el público. El cuerpo de Inka comienza a ejecutar una y otra vez el mismo compás del Fandango, al tiempo que se va despojando de algunas prendas. Sus pies no cesan de marcar obsesivamente una enterrada melodía que reclama su lugar.

El espacio sonoro se transforma. El Fandango reaparece en su versión más electrónica y callejera, a golpe de auto tune. El cuerpo de Inka se desata, parece que improvisa, transformando aquel vaivén reiterativo e impuesto en un lenguaje propio. Esta distorsión podría parecer paródica pero no lo es. Hay un trasfondo político en su forma de dejarse decir. El Fandango de Ayora, censurado por la dictadura fascista, desapareció del repertorio de danzas populares porque no cumplía con los cánones estéticos ni ideológicos de la Sección Femenina. Nos los confirma el texto que sigue proyectándose en escena.

Nosotros estamos asistiendo a su restitución. Podemos percibir cómo se recarga de sentido evocando también lo que no es: “alguien dirigiendo el tráfico”, “un desfile” o la rutina disciplinada y sincrónica de “cientos de mujeres” que ejecutaban aquellas marciales tablas de gimnasia.

Esta danza es un ejercicio de memoria colectiva y de compromiso personal. “El Fandango de Ayora resistió la censura, el fascismo y el paso del tiempo” nos explica Inka “porque se escondió en los cuerpos de nuestras abuelas”.

Y esas abuelas parecen tomar cuerpo. Un cuerpo ya sin ataduras del pasado, donde cada movimiento desenmascara alguna vieja herida y profundiza en las pulsiones del deseo femenino. En ese trance, la bailarina va incorporando movimientos bajos, derribos, barridos, a medio camino entre la capoeira y el break dance.

¿Qué esconderías tú en un lugar caliente? Nos interpela el texto.

Hacia el final Inka toma el micrófono y lo que ha sido hasta ahora transgresión en movimiento se convierte en canto. Su voz reverbera mientras se desplaza en el suelo con sensualidad e ironía. “Una reina y una santa. Éxtasis con corona. Todo esto a mi me encanta. Aquí yo soy la patrona. Cantar del folclore viejo. No me vengas, puritana. Mírame bien al espejo. No soy una Cayetana”.

Toda una declaración identitaria que alumbra, quizá, el camino para esa necesaria apropiación de nuestro folclore.

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